Ojinaga, Chihuahua — 17 de agosto de 2026 — Diariamente, miles de habitantes y visitantes de esta ciudad fronteriza enfrentan un obstáculo que no distingue horarios ni estaciones: la falta constante de señal telefónica celular y de internet. Lo que comenzó como fallas esporádicas, hoy se ha convertido en una crisis que golpea directamente la economía local y pone en riesgo la atención de emergencias.
Comercio detenido: sin red, no hay ventas
La gran mayoría de los establecimientos —tiendas de conveniencia, gasolineras, restaurantes y comercios en general— dependen de terminales de punto de venta conectadas a internet para procesar pagos con tarjeta. Cuando la señal se cae, las transacciones se detienen por completo.
«Hay días en que no podemos cobrar a la mitad de nuestros clientes, porque no traen efectivo y la terminal no funciona. Se pierden ventas y se pierde tiempo», comenta el encargado de una sucursal OXXO de la ciudad.
En las gasolineras la situación es igual de crítica: vehículos forman filas que luego se disuelven ante la imposibilidad de pagar con tarjeta, afectando los ingresos diarios de estos negocios esenciales.
Emergencias sin conexión: el 911, inaccesible
Pero el problema va más allá de lo económico. La ausencia de señal impide en muchas ocasiones comunicarse al número de emergencias 911, retrasando la llegada de ambulancias, bomberos y seguridad pública. En una zona fronteriza donde los incidentes pueden ocurrir en cualquier momento, la falta de conectividad se convierte en un riesgo directo para la vida de las personas.
Una ciudad fronteriza aislada
Ojinaga, puente comercial y humano con Presidio, Texas, requiere de una conectividad estable para funcionar. Sin embargo, las fallas se repiten sin aviso previo y sin información clara por parte de las empresas de telecomunicaciones. Comerciantes, transportistas, trabajadores y familias coinciden: la situación ya no es soportable.
La población exige soluciones
Vecinos y comerciantes han manifestado su inconformidad y demandan que las autoridades municipales, estatales y las empresas prestadoras del servicio atiendan de manera urgente y definitiva esta problemática. No se trata de un lujo, señalan, sino de un derecho y una necesidad básica para el desarrollo económico y la seguridad de todos.
«No podemos seguir funcionando así. La tecnología debe servirnos, no paralizarnos», expresó una afectada de la zona centro.
Hasta el momento, no hay fechas ni compromisos concretos para la reparación total del servicio. La ciudadanía espera que las autoridades y las empresas de telecomunicaciones den respuesta pronta a una situación que, día con día, debilita a Ojinaga.